Devocional Dominical / 11-02-2018 / Marcos 1.14–15

El evangelio no es solo el comienzo de nuestra vida cristiana. Es el principio y es el fin de la vida cristiana. Cada día, cada paso debemos vivir el evangelio de Cristo.

La palabra evangelio y lo que esta significa encierran un gran misterio. Como es que solo buenas noticias pueden hacer que el hombre después de miles de años de enemistad con Dios, ahora al escuchar estas buenas nuevas pueda tener paz y ser contado como familia de Dios, hecho santo para la gloria del mismo Dios con el cual estaba enemistado.

El evangelio es básicamente y a modo muy escueto de explicarlo, el mensaje de salvación para el hombre. Es el medio por el cual el hombre puede acercarse a Dios creyendo en su mensaje el cual presenta a un único y suficiente salvador, Jesucristo el unigénito Hijo de Dios.

Algunas creen que este mensaje es solo la entrada a una vida con Dios, que una vez que conoces a Jesucristo, naces de nuevo y el evangelio queda relegado a solo un recuerdo del día en que la luz alumbro tu vida. Muy lejos está eso de ser verdad.

El no solo es la entrada al reino de Dios. El evangelio no solamente nos salva, no es solo para el momento en que conocimos a Jesucristo; el Evangelio es para toda la vida.

Miremos las primeras palabras de nuestro Señor Jesús al comenzar su ministerio:

Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio. – Marcos 1.14–15 LBLA

Sus palabras fueron «arrepentíos y creed en el evangelio». La palabra «arrepentíos» significa cambiar de vida. Dejar la vida estamos viviendo, cambiar de dirección y comenzar a vivir una vida conforme a la voluntad de Dios. Pero para esto debemos creer; «creed», significa tener fe, depositar toda la confianza. En otras palabras para vivir una vida que a Dios le agrada debemos vivir el evangelio cada día. Ese mismo que un día abrazamos, ese mismo en el cual pusimos todas nuestras esperanzas porque ya no había más nada a que aferrarse sino a Jesucristo. Por eso es muy importante no olvidarnos del evangelio.

¿Porque necesitamos recordar el evangelio diariamente?

El evangelio es el único mensaje que nos hace mirar a Cristo.

(Juan 14:6)

Desde su caída el hombre ha intentado reemplazar a Dios con cosas de esta tierra. Ha intentado llenar ese vacío en su interior, vacío que solo tiene la forma de Dios. En otras palabras el hombre tiene una necesidad de Dios. Necesidad de volver a llenar ese vacío y el único camino que el hombre tiene para volverse a Dios es a través de Jesucristo.

Por eso el evangelio siempre nos llevará a la persona de Jesucristo. Él es nuestro salvador y nuestro único camino al Padre. Lo fue cuando le conocimos y nos reconciliamos con Él y lo es día a día al presentarnos en su presencia. El evangelio nos hace mirar al único mediador que tenemos con Dios, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5), autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2)

El evangelio muestra al hombre como verdaderamente es.

(Juan 5:24; Efesios 2:1; Efesios 2:4-5)

Es el único mensaje que muestra la realidad de la naturaleza del hombre. Muestra la miserable condición en la que se encuentra. Perdido, muerto en sus delitos y pecados, con la necesidad de salvación. Una salvación totalmente imposible de suplir por sus propios medios.

El mensaje del evangelio expone de tal manera la naturaleza del hombre que o lo acepta o lo rechaza. El evangelio es la misma luz de Cristo alumbrando al hombre que cuando reconoce su concisión de pecador, no le queda otra que abrazar la cruz de Cristo. Es por eso que el evangelio tuvo que ser anunciado para esperanza del hombre.

El que hoy tengamos salvación y vida eterna en Cristo por haber creído las buenas nuevas de salvación, nos debe recordar de donde fuimos rescatados y cuál hubiera sido nuestro destino si la luz de Cristo no nos hubiera alcanzado. Esto nos mostrara el amor de Dios en esa cruz para con nosotros y nos traerá gozo, el gozo de la salvación, un gozo que supera cualquier aflicción de esta vida pasajera y sobrepasa todo entendimiento

El evangelio nos recuerda nuestra incapacidad para luchar contra nuestro pecado.

(Romanos 3:10-12; Romanos 3:20; Romanos 8:8)

Cada día necesitamos crucificar nuestro cuerpo al de Cristo y es por eso que cada día necesitamos el evangelio de Dios.

Como hijos de Dios, llamados a vivir en santidad, debemos crucificar nuestra carne a la cruz de Cristo, someterla a obediencia diariamente. Si nuestras fuerzas y empeño en cumplir la ley no tuvieron sus frutos para acercarnos y tener paz con Dios antes de ser salvos por gracia, ahora tampoco. Solo por el evangelio de Cristo somos salvos y nos mantenemos libres de la esclavitud del pecado.

El poder del evangelio fue el que nos pasó de muerte a vida y es el mismo poder el que nos mantiene en santidad. No cumpliendo las obras de la ley, sino viviendo bajo la justicia de Dios revelada a través del evangelio de Jesucristo. Habiéndonos sido imputado el total cumplimiento de la ley al haber creído en Jesucristo como Nuestro Señor y Salvador.

El evangelio nos hace desconfiar de nuestras fuerzas y confiar en las de Jesucristo.

(Romanos 7:15-25)

El evangelio nos enseña que de nada tenemos control.

El evangelio debilita la carne. Al exponernos ante nuestra condición de derrota contra el pecado por las obras de la ley el evangelio solo hace que confiemos en Cristo para poder vivir una vida en santidad y comunión con el.

El evangelio nos recuerda que la vida que vivimos no es nuestra sino la de Cristo.

(2 Corintios 5.14-15 – Gálatas 2:20)

Nuestra vida fue comprada con precio de sangre. Cristo en la cruz pago un precio para librarnos de nuestra esclavitud del pecado y nos hizo esclavos suyos por amor. Por ende ya nuestra vida no nos pertenece, sino que le pertenece a Él.

El entender esto hace que cada creyente no busque su propio placer sino la satisfacción de su Señor. Esto nos debe mover a subyugar los deseos de la carne, limitando nuestras emociones y sometiéndolas por el Espíritu Santo a la voluntad de Dios. Fortaleciéndonos en Jesucristo, pidiendo a Dios Padre que nos forme a su imagen y semejanza para seguir su ejemplo de humillación y del aprendizaje de la obediencia a Dios.

El mensaje del evangelio es eterno

Es un mensaje tan vasto que fue predicado en el huerto del edén (Génesis 3:15), y seguirá siendo proclamado hasta el fin de los tiempos (Mateo 24:14).

Para no creer en otro mensaje, «otro evangelio»

(Gálatas 1:6-9)

No debemos olvidarnos del evangelio que nos libró de la muerte y nos trajo a vida, recordándolo todos los días para no fascinarnos con otro mensaje que desvirtúe la fe y la imagen de Jesucristo presentando otro camino, el cual sabemos que si no es el verdadero, conduce a la muerte.

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